domingo, 10 de mayo de 2009

Primer premio al objeto más extraño que he encontrado en un piso de alquiler

Actualizar siempre da un poco de pereza, así que imaginaros cuáaaaanta pereza me da acabar la limpieza a fondo de la cocina que llevo haciendo todo el día, y que aburriiiiido es el libro que estoy leyendo. Y como en la cocina se me ocurrió crear este premio, y en la cocina es donde tengo el ordenador, voy a explicaros que objeto es el ganador del Premio Cucaracha al objeto más extraño jamás encontrado en un piso alquilado (por mi) Primera Edición.

Mis caseros son la hermana y el cuñado de mi amiga M. Como nos conocemos desde hace mucho tiempo se portaron muy bien conmigo cuando me alquilaron el piso. Dejaron todos los muebles, mucho menaje (se lo pensaban llevar, pero M. les dijo que yo no tenía menaje propio y me dejaron de todo, sólo se llevaron las cosas a las que tenían más cariño o dependencia), compraron cosas nuevas para que yo las estrenara, etc.

Y como ellos salieron del piso en estampida, y yo también me mudé aquí a la carrera, me encontré que mis cosas se mezclaron con las que habían dejado ellos. Pero no pasa nada. Bueno, si pasa. Que a veces viene gente a mi casa y dice cosas como "dónde está el gato?" y yo tengo que explicar que no tengo gato. Que el rascador era del gato de mis caseros y a ellos se les olvidó llevárselo y a mi siempre se me olvida tirarlo. Por cierto, el piso estaba impoluto, lo limpiaron de arriba a abajo antes de darme las llaves. Son olvidadizos, pero de guarretes nada.

Me mudé a finales de febrero, y desde entonces he encontrado: Seis ratoncitos de juguete que fueron saliendo de los lugares más insospechados. Tres calcetines desparejados, unos calzoncillos (el gato era un cabrón, les robaba la ropa y la escondía), una cajita de cartón llena de collares y colgantes detrás de una cómoda (se los di a M. para que se los diera a su hermana, soy buena persona), y algo más que ahora no recuerdo.

Pero el culmen llegó el fin de semana pasado. En la cocina, en un estante alto, mis caseros habían dejado un bote de cerámica bastante feo y decidí o tirarlo o esconderlo pero definitivamente sacarlo de mi vista. Estiro el brazo, cojo el bote y... anda! Pero si está lleno!

Lleno de la típica miscelánea de las cocinas: juntas de goma viejas, velas de cumpleaños medio gastadas, piececitas de plástico que se guardan por si acaso, y una latita muy mona, grabada y con una piedra incrustada en la tapa.

"Vaya, que cajita más bonita, no se si quedármela o devolverla. Anda, si también está llena, voy a abrirla".

Y damas y caballeros dentro había.... DIENTES!!! Cuando cuento esto historia en vivo siempre añado, para horror del público, el adjetivo "humanos", así: DIENTES HUMANOS!!!

Soy rarita y muy poco aprensiva, así que me fascina contar la historia y que mis oyentes se escandalicen, pero en realidad me sentí más curiosa que acongojada. Pensé que serían los dientes de leche de algún sobrino, porque hijos todavía no tienen (les quedan dos meses para que nazca, y por eso tuvieron que dejar este piso).

El fin de semana era el cumple de M. y mis caseros organizaron una fiesta sorpresa en su nueva casa y me invitaron. Aproveché para llevarles el correo y la cajita con los dientes. Y lo que si me causó sorpresa fue saber que los dientes no eran de ningún sobrino. Eran los dientes de leche del cuñado! "Es que los encontré en casa de mi madre cuando murió y organizamos sus cosas, y no los quiero, pero me da mucha pena tirarlos".

Cuñado, una cosa te digo: Si tu mismo no los quieres, menos los querré yo.

Y por esto, los dientes del cuñado se llevan este premio al objeto más extraño encontrado en un piso de alquiler.